Lunes de mona


Lunes de mona

Texto:

José Morcillo Hernández

Durante la Semana Santa el cansancio es natural, tocar el tambor cansa más que irse a trabajar. Pero al ser cosa que nos gusta no nos ha de molestar, lo aguantamos con agrado sin nada protestar. En estos días de fiesta no todo es, el tambor tocar, salir en las procesiones también nos ha de gustar. Viernes Santo en la mañana es algo sensacional, el salir y a nuestra dama al Calvario acompañar. Ese día nos ponemos para ver la bendición, el mejor traje que tenemos y la camisa mejor.

Y cuando Nuestro Padre Jesús

nos manda su bendición,

¡Qué respeto! ¡que pasión!,

con humildad la recibimos

y con enorme devoción.

cuando llega el domingo la alegría ya brotó, pues todos ya celebramos que Jesús resucitó.


Y a pesar del gran cansancio

que estos días nos causó,

ya estamos todos pensando

en que la Mona llegó.

Cuando vamos al Encuentro es muy frecuente escuchar, preguntar a los amigos :uando por la calle van. Oye; ¿Os vais a venir de Mona? os espero en el parral. Habrá que juntarnos temprano no nos quedemos sin pan.

Y al llegar lunes de Mona por la mañana temprano, todo el mundo se amontona en el comercio comprando.

Los coches se ven salir de prebendas bien cargados, llevan los maleteros todos bien abarrotados.

Todos salen en cuadrillas a pasar un día de campo, para comer y beber hasta quedarse bien harto.

Y al llegar el medio día así viene a resultar, que el pueblo se quedaría en completa soledad.

Alguno va en bicicleta otros en moto van, y la inmensa mayoría en coches o en autocar.

Recuerdo hace muchos años que nadie coche tenía, algunos se iban en carro andando la mayoría.

Unos se iban a Polope

otros a la Granja y su piná,

y la mayoría se iban

a los pinos de Alboraj.


 
Toda la Cuadrilla descansando estan

so cuando los dueños de Polope y Alboraj, consentían que los pobres pisaran su propiedad.

Por eso en alguna ocasión en tiempos de carnaval, unos versos con razón intentaban publicar.

Los lileros de Polope y los pinos de Alboraj, de tan lejos que se encuentran ya con las ramas se dan.

Y al igual que los hieros

y los pinos de Alboraj,

los dueños de las dos fincas

a los pobres de este pueblo

quieren avasallar.

Y a pesar de la pobreza

y la intransigencia que el rico

se empeñaba en practicar.

Los pobres se divertían celebrando aquellas monas en una u otra piná.

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